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GOBERNAR CON LA SABIDURÍA DE DIOS

  • Foto del escritor: Juan Chirinos Gutiérrez
    Juan Chirinos Gutiérrez
  • 29 jun
  • 6 min de lectura

Actualizado: 2 jul

El poder puede ganarse en las urnas, pero solo la sabiduría, la justicia y la obediencia a Dios pueden convertirlo en bendición para una nación.


Por Juan Israel Chirinos

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GOBERNAR CON LA SABIDURÍA DE DIOS.
GOBERNAR CON LA SABIDURÍA DE DIOS

La campaña terminó. Los mítines se apagaron, las encuestas dejaron de marcar la conversación diaria y el Perú comienza a mirar hacia una nueva etapa. El triunfo electoral de Keiko Fujimori abre el camino hacia una nueva presidencia. Ahora empieza lo verdaderamente difícil: gobernar un país herido por la inseguridad, la desconfianza y la polarización.


Ganar una elección permite llegar al poder, pero no enseña, por sí sola, a ejercerlo.


Esta reflexión no está dirigida únicamente a quien ocupe la Presidencia de la República. También alcanza a gobernadores, alcaldes, congresistas, senadores y a toda persona que recibe autoridad por voluntad popular. Pero su mensaje va más allá de la política: interpela a quienes, desde cualquier responsabilidad, deben tomar decisiones capaces de dejar huella, construir un legado y cambiar el rumbo de muchas vidas.


En este artículo explico por qué buscar dirección fuera de Dios puede conducir a caminos peligrosos, y por qué el temor de Dios sigue siendo una brújula segura para ejercer la autoridad.


“Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios.” — Daniel 2:21

La tentación de querer controlar el mañana


La tentación de querer controlar el mañana.
La tentación de querer controlar el mañana

Este es el centro de mi mensaje: ningún gobernante puede pretender recibir la bendición de Dios mientras busca orientación en prácticas que Él condena. A lo largo de la historia, reyes y autoridades, dominados por el miedo, la ambición o la incertidumbre, recurrieron a la adivinación, la hechicería, los agüeros (astrología), los médiums (consulta a espíritus) para intentar conocer o controlar su futuro y el rumbo de sus gobiernos.


Sin embargo, la Palabra de Dios no presenta estas prácticas como una espiritualidad alternativa ni como una ayuda inocente. Las considera incompatibles con la fe, la obediencia y la confianza que debemos depositar únicamente en Él.


Quien ocupa una posición de autoridad debe comprenderlo con claridad: apartarse de Dios para buscar respuestas en la oscuridad no fortalece un gobierno; por el contrario, debilita sus fundamentos espirituales y morales. Además, expone a la persona a influencias que no provienen de Dios, aquellas que la Biblia identifica como principados, potestades, gobernadores de las tinieblas y huestes espirituales de maldad. Buscar deliberadamente esas prácticas puede apartar el corazón de la protección, la verdad y la dirección divina.


Precisamente en los momentos de crisis es cuando más aparecen quienes aseguran conocer el futuro. Se acercan de manera sutil, prometiendo tranquilidad, seguridad y respuestas rápidas frente a la incertidumbre. Ofrecen certezas donde existen dudas y aseguran tener soluciones donde otros solo ven confusión. Pero debemos tener cuidado: detrás de esa aparente ayuda puede esconderse un grave engaño espiritual.


Hoy ya no necesitan ingresar a un palacio para influir en una autoridad. Les basta una pantalla, un video viral en TikTok o una predicción pronunciada con aparente seguridad por algún personaje conocido. Más delicado aún es cuando se busca intencionalmente su visita, su consejo o su intervención para orientar decisiones personales o de gobierno.


Muchas veces, estas decisiones equivocadas nacen del desconocimiento de la Palabra de Dios. Precisamente por eso escribo este artículo: no para condenar a las personas, sino para advertir con amor y mostrar lo que la Biblia enseña con claridad. Por ello, todo hijo de Dios debe buscar diariamente su sabiduría. Cuando conocemos su Palabra, desarrollamos discernimiento y somos menos propensos a ser engañados por voces que prometen revelar aquello que solo Dios conoce.


Cuando un gobernante endurece su corazón, tolera el pecado y busca dirección fuera de Dios, compromete no solo su vida espiritual, sino también el rumbo de su mandato. La historia bíblica presenta reinados que comenzaron con grandes oportunidades, pero terminaron en confusión, derrota o pérdida del poder porque sus gobernantes dejaron de escuchar y obedecer al Señor.


Por eso, quien gobierna debe apartarse del pecado, rechazar toda práctica ocultista y cuidar su corazón. No se puede pedir a Dios que bendiga aquello que deliberadamente se construye en desobediencia a su Palabra.


La advertencia es firme, pero también contiene una promesa de esperanza: cuando una autoridad se aparta del pecado, vuelve su corazón a Dios y gobierna con justicia, abre la puerta para que su mandato sea guiado, sostenido y utilizado como instrumento de bendición para su pueblo.


La adivinación, la hechicería, los encantamientos, los agüeros y la consulta a espíritus son rechazados expresamente en Deuteronomio 18:10-14.

La Biblia ya mostró adónde conducen esos atajos


La Biblia ya mostró adónde conducen esos atajos.
La Biblia ya mostró adónde conducen esos atajos

Ahora bien, quiero compartir algunos pasajes bíblicos en los que ciertos gobernantes buscaron seguridad en la adivinación y en prácticas contrarias a la voluntad de Dios. Sus historias muestran que esos atajos no brindan verdadera dirección; por el contrario, confunden el discernimiento, debilitan el carácter y terminan afectando el ejercicio de la autoridad.


Saúl fue escogido para reinar, pero terminó gobernado por el miedo a perder el poder. Desobedeció la palabra de Dios y, cuando dejó de encontrar respuestas, acudió a una médium. La Biblia resume su desenlace: murió por su rebelión, por no guardar la palabra de Dios y por consultar a una adivina en lugar de buscar al Señor (1 Crónicas 10:13-14). Su caída no comenzó en el campo de batalla; comenzó cuando dejó de obedecer.


Ocozías, rey de Israel, enfermó y envió mensajeros a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón, para conocer su futuro. La pregunta de Dios fue contundente: ¿acaso no había Dios en Israel para que buscara respuesta en otro lugar? Su decisión terminó confirmando la ruina de su reinado (2 Reyes 1:2-4).


Manasés llevó todavía más lejos la oscuridad: practicó la adivinación y la hechicería, consultó a encantadores y condujo a su pueblo por caminos equivocados. Terminó cautivo y humillado. Sin embargo, su historia también deja una puerta abierta a la esperanza: cuando se humilló, oró y reconoció a Dios, fue escuchado y comenzó a reparar el daño causado (2 Crónicas 33:6, 10-16). La Biblia no solo advierte; también muestra que el arrepentimiento verdadero puede cambiar el rumbo.


Belsasar, rodeado de grandeza, llamó a astrólogos, caldeos y adivinos cuando apareció la escritura en la pared. Ninguno pudo darle la respuesta que buscaba. Daniel le recordó que había conocido la verdad, pero no había humillado su corazón. Aquella misma noche su reino terminó (Daniel 5). El poder sin humildad puede parecer sólido hasta el instante en que descubre que ya no tiene fundamento.


También en tiempos recientes hemos conocido, a través de los medios de comunicación, testimonios y reportes sobre autoridades que recurrieron a prácticas de adivinación, astrología o rituales para orientar decisiones personales o políticas. No corresponde afirmar con ligereza que cada crisis, fracaso o caída sea un castigo directo de Dios. Sin embargo, sí podemos reconocer una verdad bíblica: cuando una autoridad abandona la sabiduría, la integridad y la obediencia para poner su confianza en prácticas prohibidas, debilita sus fundamentos espirituales y morales, y se expone a decisiones equivocadas.


La enseñanza permanece vigente: ningún atajo ocultista puede reemplazar la dirección de Dios. Quien gobierna necesita menos predicciones y más sabiduría; menos voces que prometan controlar el futuro y más humildad para hacer lo correcto en el presente.


Gobernar con principios cristianos es servir mejor


Gobernar con principios cristianos es servir mejor.
Gobernar con principios cristianos es servir mejor

Gobernar con principios cristianos es servir mejor


Llegamos al final de esta reflexión con una certeza: gobernar con principios cristianos no significa imponer una religión ni limitarse a mencionar a Dios en los discursos. Significa traducir la fe en decisiones concretas: respetar la ley, combatir la corrupción, escuchar a quien piensa distinto, proteger al más vulnerable y ejercer el poder al servicio del bien común.


Quien asuma la conducción del Perú necesitará buenos técnicos, pero también personas íntegras, con capacidad para decidir, discernimiento para reconocer errores y valentía para corregir a tiempo. Las crisis llegarán, pero también serán una oportunidad para demostrar que quien camina con Dios puede atravesarlas sin perder el rumbo. Ese será su mayor respaldo, su mejor cuarto de guerra y la base sobre la cual se definirá su legado.


Por tanto, el nuevo gobierno tiene ante sí una oportunidad histórica: demostrar que el poder puede ejercerse con temor de Dios, respeto por la ley y amor por el Perú. No se trata de intentar dominar el mañana, sino de hacer hoy lo correcto; de rechazar los atajos y avanzar con prudencia, verdad, justicia y obediencia.


Que Dios conceda sabiduría a nuestra próxima gobernante, la rodee de personas honestas e íntegras, fortalezca cada decisión justa y permita que esta nueva etapa sea de unidad, crecimiento, paz y verdadera bendición para todos los peruanos.


“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones.” — Proverbios 14:34
“Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo.” — 1 Reyes 3:9

2 comentarios

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Margarita Castello
Margarita Castello
04 jul
Obtuvo 4 de 5 estrellas.

Correcto tenemos que actuar con los principios de nuestro padre celestial

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Bastian Mendoza
Bastian Mendoza
30 jun
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Buenísimo! Necesitamos mensajes como este que traigan conciencia y que empatiza con la sociedad peruana

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